La culpa y el estigma social son dos grandes cargas que mucha gente lleva en silencio. Estos sentimientos no aparecen porque haya “algo malo” en ti, sino porque vivimos en un entorno que juzga, señala, comenta y en ocasiones no comprende.
La culpa suele aparecer cuando sentimos que estamos haciendo algo incorrecto según las normas sociales o morales que hemos aprendido. Pero es importante tener en cuenta que esa culpa en ocasiones, viene de lo que otros opinan o esperan de nosotros.
Por otro lado, el estigma social es la etiqueta negativa, el prejuicio o la discriminación hacia un grupo o persona debido a características específicas como su apariencia física, orientación sexual, raza, género, o profesión. El estigma no define quién eres, pero puede afectar a cómo te sientes.
La culpa y el estigma social pueden generar vergüenza, aislamiento, pérdida de amigos, sentimientos de soledad, estrés, ansiedad, depresión y baja autoestima.
Pero, ¿Y cómo afrontamos estos sentimientos?
El primer paso es reconocer lo que sientes sin juzgarte. No hay emociones buenas ni malas, sentir culpa o vergüenza no es algo que te haga débil, sino human@. Una vez identificas qué sientes, puedes preguntarte de dónde vienen esos sentimientos: ¿es algo que viene de mí o lo he aprendido de otros?
Es importante buscar espacios donde puedas mostrarte tú misma y compartir lo que sientes, sin miedo a sentirte juzgada o rechazada. Estos espacios pueden ser grupos de apoyo, amistades de confianza, asociaciones o pequeños grupos entre compañeras.
Recuerda además, que tu identidad, tu personalidad, va mucho más allá de un trabajo concreto. Eres una persona con una historia, experiencias, emociones, intereses y aspiraciones.
Desde In Género podemos acompañarte y trabajar para aprender a identificar y gestionar estos sentimientos, fortaleciendo tu bienestar emocional.